
El desarrollo de aplicaciones de Software es un trabajo extremadamente complejo que requiere de profesionales con un alto nivel de conocimientos, con talento, con capacidad intelectual y, además, vocación para hacer frente a la necesidad de una continua actualización.
Puede ser que no sea imparcial ya que yo soy programador, pero no conozco ninguna profesión que necesite un reciclaje y aprendizaje constante al nivel de la de “pica código”. Sobre todo porque estamos en un frenesí de novedades que lleva el dicho “camarón que se duerme se lo lleva la corriente” a su más cruel realidad.
Para aumentar la complejidad, es un trabajo que se realiza en equipo, y con problemas de comunicación y de organización inherentes a las propias limitaciones del lenguaje natural. Todos habremos tenido la experiencia de que un requisito, una funcionalidad, descrita al detalle en un documento tanto en el qué, como en el cómo, de repente se da la vuelta y donde describía hacer una cosa nos encontramos que se podía interpretar de otra forma muy distinta. Y cuanto mayor fuera el esfuerzo necesario para completar el requisito, más dudas y equívocos emergían.









