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Indiana Coder y el Proyecto Maldito

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Estás peleando para firmar ese contrato tan magnífico que salvaría tu empresa durante un año. Tu cliente es un una persona arriesgada, con espíritu casi suicida, te gusta, y se ha empeñado en usar unas cuantas tecnologías nuevas, de las que es posible que no exista mucha documentación técnica, pero estos nuevos avances son el alma del nuevo desarrollo. Incluso te pide una aplicación para Android, algo que llevas tiempo queriendo hincar el diente, pero de lo que no tienes ni idea, y también quiere usar RFID, con sus arcos de UHF, tecnología no unificada todavía, y mil cosas más que te hacen temblar de emoción friki, y un poco de miedito.

En otras situaciones de la vida la lectura sería distinta. Nunca te montarías en una montaña rusa acabada de construir, ni comerías de algo que no sabes lo que es, pero aceptas el reto y, contra pronóstico, te embarga una felicidad que no es explicable de una forma sensata: "Te has comprometido en hacer cosas que no conoces, en un tiempo estipulado y teniendo que dar confianza desde el minuto cero". Nos hemos consagrado, nos ponemos el sombrero y las botas polvorientas, cogemos el látigo y pedimos que nos abran paso: somos Indiana Coder.

La valoración de tiempo

¿Cómo se enfrenta uno a la situación de ponderar lo desconocido? Esta tarea se le conoce como "marronazo" y no te lo comes tú sólo. Lo peor es que el resto del equipo está encantado de formar parte de la misión suicida ¡Valiente panda de frikis! Vais planificando los módulos, más a ojo que nunca, y la única defensa que se puede poner es usar un buen colchón de horas por lo que pueda pasar. Literalmente es imposible hacerlo bien porque no se puede valorar lo que se desconoce.

Adicionalmente, tu gerente estará ojo avizor a las desviaciones que se puedan producir, y es que dormir con el "enemigo" nunca ha sido buena idea. Si fuiste sincero te comprenderá aunque sea un poquito y es posible que sea benevolente con los errores. En cualquier caso es tu responsabilidad y debes aceptar el reto con honor. Comienza la fiesta.

La formación

Está claro que tendrás que estudiar un montón. Y estudiar no basta porque necesitas experiencia. Esa aplicación de Android que has valorado en dos semanas no tendrá marcha atrás cuando hayas comprometido más de la mitad del tiempo por lo que más te vale hacerlo bien. Lo ideal sería una formación reglada, en un curso que sea bueno, pero no hay tiempo para ello. Así que te buscas tutoriales y, en el mejor de los casos, un par de libros para ponerte al día en la faena.

Mientras dura esta autoformación pasarás por un montón de fases emocionales distintas, empezando con una ilusión casi infantil, avanzando hacia la desesperanza y terminando, idealmente, por la satisfacción no sin antes pasar por el arrepentimiento, el miedo y la envidia de los que tienen trabajos más fáciles y definidos.

El día a día

Si has elegido alguna metodología "Agile" esta puede convertirse en tu gran aliada. Ese product backlog de Scrum vale su peso en oro, y podrás ir eligiendo la dirección en la que debe avanzar el proyecto según vayas viendo la evolución de esos cabos sueltos. Si se atasca alguna parte podrás avanzar en otras, no tendrás a nadie con el Gantt molestando porque "el rastifjliador de fluzones debió terminarse hace dos semanas para poder empezar la recomplexador de raticulines".

Y si te toca un cliente humano podrás, incluso, renegociar distintas salidas a callejones que te encuentres sin salida. En caso contrario tocará llamar a la puerta del $BOSS y pedirle que interceda, con tu consiguiente desgaste de confianza y pérdida de puntos de experiencia. Te va a costar subir de nivel, pequeño bardo ...

El resultado

Cuando terminan estos proyectos, si todo ha ido bien, dan ganas de celebrarlo como si fuera una Champions o un mundial. De uno de los peores escenarios imaginables se ha conseguido sacar un éxito épico y rotundo. Si la cosa no ha ido bien, al menos se habrán aprendido unas pocas tecnologías nuevas y se habrá adquirido experiencia extrema a base de palos, pero experiencia al fin y al cabo.

Y antes de que te de tiempo a descansar, ya tendrás que volver a empezar. Si algo tiene nuestra profesión es que no tenemos calendario ni existe la calma chicha. Me rio de los comerciales que se sorprenden porque no me pillo vacaciones en Agosto si, según ellos, "en agosto no se hace naaaaa". Sólo queda responderles: "May the BOFH be with you, pendejos".

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