Si abro cualquier revista especializada en el sector de la informática a nivel empresarial, encuentro que hay ahora mismo un bullicio constante de ofertas y demanda de Cloud Computing. Tanto en su versión pública, híbrida como privada.
Obviamente es una moda, pero no pasajera. Ya que entre tanta oferta, de la cual debiera dudar mucho por su escueto portafolio de casos de éxito como por soluciones prácticamente milagrosas, se distingue un brillante futuro de las infraestructuras TI en la Red y en especial en cualquiera de los conceptos Cloud.
Pero, también, se percibe un momento frenético en donde las ofertas son muy generalistas. Pensadas más en abarcar mucho sin importar tanto si nos quedamos cortos en la fuerza del apriete. En hacer una buena cartera de clientes, más que en ofrecer un servicio que acabamos de iniciar y en los que muy pocos tienen una experiencia solida y de seriedad demostrada. Además de aspectos puramente físicos como el tamaño de los datacenter, los que están contenidos en un solo edificio yo los descartaría de base, o la calidad del hardware sobre el que se construye la Cloud de máquinas virtuales.













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