
La imagen que veis arriba es un ejemplo real que estos días está circulando por diversas redes sociales. Se trata de la web de una pequeña empresa que, atendiendo a la versión de su diseñador, no fue pagada. Esto me da que pensar y me hace lanzar una pregunta al aire: ¿sirve de algo okupar la web de quien no te paga?
La raíz del problema está bastante clara y es conocida en nuestro mundillo: a día de hoy, sigue siendo muy difícil hacer ver a los clientes el valor de nuestro trabajo. Nuestra profesión está muy infravalorada y nos encontramos con muchos clientes que piensan que programar una web es poner cuatro botones y que diseñarla artísticamente es hacer tres garabatos. Así, cuando llega el momento de la entrega y pasamos la factura, nos podemos encontrar con la desagradable sorpresa de que el clienta no se crea nuestros precios y decida no pagarnos.
Ante una situación así, ¿qué podemos hacer para cobrar lo que nos corresponde? ¿Cómo podríamos haber evitado llegar hasta aquí?

